10 febrero, 2015

Carta quinta: Del querer y la desesperación.

"No te das una idea de lo mucho que te pienso, que te sueño, que te imagino nuevamente abrazados en aquella plaza, bajo la sombra de aquel arbolito al cual ignoramos. Todo estaba tan tranquilo, pero a la vez bastaba con girar la cabeza y mirar el bullicioso mundo de ruido a base de motores y desesperanzas… y yo solo sentía el silencio que me atrapaba tenerte al lado, saber que no fue un sueño y que mi mano realmente esta acariciando ese bello rostro, el más lindo que he visto en mi vida. 
No puedo hablar, no quiero hablar, no puedo perturbar el silencio que tanta calma me trae, ese ambiente en el cual un segundo es un eón, una galaxia de eternas sensaciones coreadas al son de la melodía más hermosa: el sonido de tu dulce voz, esa voz que reverbera en mi corazón, haciendo eco en todo mi ser, abrazando mi alma como si nunca fuera a soltarla, a pesar de que solo sea por un segundo. 
Ya no puedo pensar, mi alma pertenece a tus ojos, mi cuerpo a tu ser, mi esencia se desprende de lo más profundo e inexplorado de mi persona y baila alrededor de tu brillar, y junto a aquel ruidoso silencio, mi corazón se vuelve a perder en el tuyo, dejando paso al beso más puro que mi ser es capaz de otorgar, solo para mostrarte lo que de verdad siento.
Y hoy estoy acá, mis ojos se desvanecen entre las dolorosas luces del velador y el humo del tabaco, recostado en mi cama, pensando, reflexionando. ¿Que fue lo que paso? ¿Que fue lo que hice mal? 
Dicen que el corazón no escucha, solo sigue las melodías que le agradan, y sigue, y continua siguiendo cada vez más acelerado hacia un fatal destino, estrellándose violentamente contra la realidad sin el cinturón de seguridad puesto, derramando una última lagrima cuando ve que sabe que todo se acabo, una lagrima con tu nombre, al que el dueño no ha sobrevivido pero su voluntad lo mantiene vivo, cauto, pero vivo dentro de lo que ya no es vida, sino mera existencia, porque él sigue escuchando esas melodías, y a pesar de ya no sentir, se sigue moviendo, ya mucho más lento, hacia ellas, con la esperanza de alguna vez tocar tu corazón y volver a la vida, la vida pura que siempre soñó tener. 
Y acá sigo, recostado, triste por haber fallado pero orgulloso por haberlo intentado, aunque con un gran vacío en el corazón: siento que ya no tengo nada, ya no siento nada, cuando lo único que de verdad quiero es sentir esos labios una vez más, aunque sea una vez más…


Querer es vivir, vivir es sentir que morir no es no estar, es existir sin sentir el dolor. Querer es dolor. Dolor es vivir. Vivir es amar. Amar es morir."


12 de Agosto, 1980. Quilmes.

Anónimo

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