02 mayo, 2015

Carta novena: De la distancia y el corazón por sobre ella.

Muchas vidas caben en un rato, dicen, y sin embargo, solo con que seamos dos vidas en estos eternos minutos, a mi me alcanza para levantarme, porque se que te vas a levantar conmigo. ¿Te levantarías conmigo?

No había pasado mucho tiempo desde que sentí que no estaba perdiendo mi tiempo otra vez. Abrí mis ojos y decidí, desde mi razón, elevar al éter unas simples vibraciones que se plasmaban en un cordial "hola", sin esperar nada a cambio, realmente.

Jamás podría siquiera haber imaginado que estaba saludando a la vida misma, la vida que siempre anhele, la que siempre quise que se acerque y la que siempre busque para llenar todos esos huecos llenos de puntas desparejas y filosas que dejaron las balas de la realidad. Y es así, porque al darme vuelta para retirarme, sentí tu mano en mi hombro, y un cálido susurro me decía "quedate, por favor".

Y luego, con el correr de las horas dentro de las horas, de los días dentro de los días, de las semanas dentro de las semanas, deje deslizar mi corazón hacía tus manos, arriesgándome a perderlo todo, a verlo nuevamente llorar mientras es destrozado sin piedad... pero jamás iba a imaginar que lo vería ser acogido y abrazado, jamás hubiese siquiera imaginado que, frente mis ojos a los tuyos, en el mas cálido de los universos, me dirías que me amabas.

Y todavía me desvivo preguntándome si realmente existes, y siendo que mi corazón lo afirma, me desarmo soñando en poder, de una vez por todas, poder tomar esas manos y llevarte a caminar, a caminar solo un rato, viviendo el silencio de nuestras miradas y el sabor de un simple cariño, un cariño sincero que tanto bien podría hacerme, que tanto necesito...

Y mientras sienta tus manos sin sentirlas, mientras vea tu rostro sin poder tocarlo, y aun así llenarme de esas sensaciones tan hermosas, tan jubilosas que me hacen sonreír, ver colores hermosos en donde solo había oscuridad... y es por ello que, sin siquiera saber que existes, te extraño cada día mas.

Muchas vidas caben en un rato, dicen. Pero solo con las nuestras, me alcanza. 


Porque se que yo estaré allí cuando el universo menos se lo espere.

Porque se que siempre estuve allí.

Contigo.

Siempre.



5 de Octubre, 2011, Quilmes, Buenos Aires.



No hay comentarios:

Publicar un comentario