Ahogado, atrapado en ese mar de sensaciones… no quería
salir, pero las situaciones llamaban. Uno no sabe que esperar de un momento a
otro, solo sabe que, cuando las cosas se tienen que dar, solo se dan: las cosas
suceden porque deben suceder, y así todo fluye, naturalmente, hacia donde debe
hacerlo.
Deja que las cosas sucedan, que las almas choquen entre si, y que todo
nazca.
La noche respiraba tranquila, despistada, sin tener una idea
de que en, lo que para ella es solo un segundo, nacía una eternidad. Una corta
eternidad que se reflejaba en cada cuerpo, cada segundo en el que aquel abrazo
no parecía acabarse jamás. La respiración se iba haciendo mas intensa cuando
unos labios, aburridos de soledad, encuentran a otros, y deseosos de vida, se
acercan lentamente, para comenzar lo hermoso de estar juntos; aquel beso que se
transformo en pasión, aquellas caricias que envolvían los cuerpos, se iban
transformando lentamente en un mar de sensaciones, un envión de pasión
golpeándonos en los rostros, que se concentraban en mirarse, sentirse, vivirse…
Un mundo en donde un abrazo es un hogar y en donde las manos no respondían a
uno, y se dejaban llevar, se disponían a aprender de lo más puro y perverso a
la vez y empezaban a bailar, a correr a través de los cuerpos, de las almas… y
cuando menos lo espera la vida, somos uno solo: y las miradas, penetrantes como
hojas de cristal, se desvanecían ante el sudor que emanaba la existencia, y las
voces, pidiendo cada segundo que el tiempo se detenga ahí, para vivir
eternamente esa intensidad, esos brazos rodeándome, haciéndome sentir vivo.
Y lo que para la luna fue solo un suspiro, aquí abajo, en el
firmamento, fue una eternidad atrapada en un momento, un momento que desea ser
más, y se encuentra a la espera de volver a ser momento, para así algún día,
sorprender a la eternidad.
22 de Abril, 1938. Barrio de Once, Buenos Aires.
"Deja que las cosas sucedan, que las almas choquen entre si, y que todo nazca"
ResponderEliminarQue lindo :)